Compartir arte con chicos implica conectarse con lo intuitivo, lúdico y puro del hacer. No hay prejuicios o expectativas estéticas, solo juego. Hay algo de magia en visualizar el arte de un pintor que me encanta a través de los ojos de un chico.


Además de ser mi cuadro preferido de Van Gogh, es la obra que me recuerda que el arte es un juego.

Es experimentación, prueba-error, dejarse llevar por la mano que guía el pincel, estar dispuesto a equivocarse; animarse.


Creo que es una de las primeras veces que vi reflejado en un cuadro todo eso y más cada vez que lo miro, aunque sea en fotos, réplicas, copias. Es el recordatorio de un aprendizaje continuo: no hay que olvidarse que hacer arte es jugar, es volver a la visión lúdica de la niñez y abocarse por completo a la propia obra como lo haría un niño.


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